Del salón de los pasos perdidos

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Podemos imaginar a Castelar, Sagasta, Melquiadas Álvarez, Antonio Maura, al General Prim… y a tantos otros, muchos de ellos hermanos, debatiendo enconadamente o en plena libertad sobre los problemas de España.

Autor: César González. M.·.M.·.

En esas horas de invierno, lánguidas y pesadas, en las que concluye la jornada laboral, la radio recita sus monótonos informativos. Hay veces que la escuchamos. Otras dejamos fluir alegremente su soniquete, como una tonta compañía. De cuando en cuando algún comentario despierta nuestra atención. El masón se detiene en aquellas noticias que se acompañan por la coletilla del “salón de pasos perdidos del Congreso”.

Cuantas cosas aparentemente insignificantes a ojos de los menos atentos ocurren en ese salón. Todo parece ser frugal, rápido, espurio… pero a la vez necesario y hasta imprescindible. Es un espacio donde se suceden compadreos, conspiraciones, amistades que ocultan la ponzoña de los teatrales insultos entre políticos, y hasta donde se adoptan grandes decisiones. ¿Hay un Egregor o espíritu que preside estos ambientes?

El salón de pasos perdidos del Congreso de los Diputados de España.

Podemos imaginar a Castelar, Sagasta, Melquiadas Álvarez, Antonio Maura, al General Prim… y a tantos otros, muchos de ellos hermanos, debatiendo enconadamente o en plena libertad sobre los problemas de España. Quizás incluso muchos fueran amigos, aunque defensores de posiciones encontradas. Más probable es que carnales compañeros de partido se despellejaran sin compasión dentro de sus organizaciones. La política tiene más de esto último que de lo anterior.

INFLUENCIA DE LA ILUSTRACIÓN

El salón de los pasos perdidos… déjenlo fluir en sus cabezas, e intenten discernir el porqué. El salón de los pasos perdidos, como los pasos perdidos que tenemos nosotros: los masones. Muchos de aquellos políticos también fueron hermanos. Tratemos de averiguar qué fue primero: si una influencia masónica en el mundo profano o es que la política se ha colado en el templo.  A ciencia cierta no lo sabemos, aunque según distintas fuentes, parecer ser que la Ilustración extendió este término desde la masonería al mundo político.

En cualquier caso, estamos en un lugar donde charlamos, discutimos a veces, trabamos amistad, comemos, nos conocemos más a fondo… Un lugar indispensable para la vida masónica, un lugar donde la cadena de unión se robustece o se rompe, y donde la fraternidad se macera como en barrica.

¿Se puede ser hermano sin detenerse voluntariamente por unos momentos en pasos perdidos?, ¿basta con acudir a la tenida y salir corriendo para ser masón o hace falta algo más?, ¿se puede ser ciudadano pleno sin participar de la vida pública de una ciudad o hay que implicarse con los asuntos que te motivan? Son preguntas que nos asaltan.

Pasos perdidos nos recuerda a aquellos lugares estratégicos donde antes de la existencia de los móviles, todos los amigos se citaban de semana en semana y milagrosamente acudían. Si alguno se retrasaba, sabía dónde encontrar al resto.  Si no venía, o le había surgido un contratiempo o sencillamente desdeñaba la amistad. Era la vida misma.

Aquellos lugares, que solían ser plazas, parques o bares estratégicos, eran como un punto cardinal, una coordenada geográfica de singular relevancia sólo conocida por los hijos de la viuda que parió aquel grupo de amigos. La vida parece necesitar enclaves terrenales a los que asirse para que los átomos orbitemos e interactuemos, y así todo gire con su voluntad incontrolable y desordenada.

TAMBIÉN EN AMÉRICA

De modo que uno de los principales salones del Congreso, es el de los Pasos Perdidos, donde todo ocurre y nada ocurre, con su paradójica dualidad. En Uruguay, Cuba, Argentina y Perú, sus congresistas también tienen un salón de los pasos perdidos. Tal vez en el mundo anglosajón también existan estos habitáculos, sancta sanctorum de lo que debe ser el ágora de los ciudadanos. Desde luego cuentan con una presencia arraigada en el mundo político de influencia hispánica. En Francia también existe la expresión “salle des pas perdus”. En alemán se utiliza el término “vorhof” o “dessaal der verlornen Schitte”.

Salón de pasos perdidos del parlamento de Argentina.

¿Por qué serán tan importantes los salones de los pasos perdidos entre los políticos de origen hispánico?, ¿qué son realmente? Es un lugar de paso, una estancia que llega a ser intemporal, como el todo y su opuesto: la nada. Según los planos de la web de Congreso, el salón de los pasos perdidos está en el centro de todas las estancias, siendo así lugar de paso obligado. Recordemos: lugar de paso obligado. Eso atiende a unas razones específicas.

La web del Congreso incluye un vídeo explicativo sobre este lujosísimo y noble lugar. Preside la puerta  de entrada un bajorrelieve elaborado por el también hermano Mariano Benlliure dedicado al siempre supuesto masón Emilio Castelar, el mejor orador de la historia de España. Si los españoles tuviésemos autoestima lo reclamaríamos como nuestro particular Abraham Lincoln. Combatió con denuedo la abolición de la esclavitud en todos los territorios que España conservaba en aquella época, que entonces incluían provincias de ultramar en América. Su efigie, por esta razón, está acompañada de una alegoría sobre la abolición de la esclavitud y otra de la escuela de Bellas Artes de Roma.

LA GOBERNANZA EJEMPLAR

La decoración de este salón es alusiva a los valores que deben acompañar a los buenos gobernantes, las esencias de la patria, así como los nombres y los bustos de aquellos dirigentes a los que la historia ha considerado ejemplares. Figuran también los cuatro continentes que se conocían en la época de su construcción. Igualmente se aprecian alegorías al respeto y acatamiento de la ley, la justicia, así como símbolos sobre la religión y la abundancia. Un libro abierto explica las virtudes que los dirigentes deben poseer para llevar a los ciudadanos al progreso y la prosperidad.

Visto el vídeo y salvando las distancias, comparémoslo con nuestros infinitamente más modestos salones de pasos perdidos. A saber en cada casa los símbolos que existen: un gallo, el hombre de Vitrubio, Hermes Trismegisto y otros iconos masónicos rodean este punto geométrico de paso obligado y convivencia. Bueno… lo importante es tener noción de por qué existe y por qué es un lugar de paso obligado. Transitar por esta estancia no está reglamentado en ninguna constitución, ni norma, pero sin pasos perdidos no hay fraternidad, y sin fraternidad no hay masonería.

LOS ÁGAPES PARA LOS APRENDICES

En la vida del aprendiz, las primeras enseñanzas y la práctica de la masonería se desarrollan de una manera significativa en este lugar. Ni es casual, ni una broma cuartelera que tengan la responsabilidad de preparar los ágapes a las órdenes de un maestro.

Si aquellos que se despellejan sin compasión en los púlpitos de la política son capaces de convivir, confluir y compartir su lado humano en pasos perdidos; y todo, supuestamente todo, se hace en aras de que los átomos que conforman el barro de los representantes del pueblo  interactúen y se entremezclen con el fin de procurar el progreso de la nación, aquellos otros que nos hemos propuesto trabajar por el progreso de la humanidad y nuestra propia mejora individual, nunca debemos olvidarnos de transitar, estar y ser en pasos perdidos.

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