Si estás cansado del tema LGTBI, imagínate lo cansados que estamos nosotros

Sé que estás cansado del tema LGTBI. Pero párate a pensar lo cansados que estamos nosotros. Nadie está más cansado y aburrido que nosotros. Pido que me leas, votes a quien votes. Que me des una oportunidad. Te prometo que me he esforzado para no decepcionarte y no ser un eslogan político. No buscaré victimizarme, sino relatar mi realidad como hombre homosexual nacido en España en 1989.

Autor: Anónimo. Entre tantos opinadores profesionales en los medios estos días que dicen lo primero que se les pasa por la cabeza, he pensado que en periodismo se dice que hay que ir a las fuentes. Yo soy una fuente.

La libertad sexual es una cuestión fundamental de los derechos humanos.

Tenía 10 años cuando recé con ganas por primera vez. Nunca fui creyente. En 1999, de camino a casa de mi abuela para comer, en verano, pensé: “ojalá no sea gay". No porque pensara que era malo, nadie consiguió jamás que pensara eso. Lo hice porque era 100% consciente de que la sociedad haría que mi vida fuera desagradable y más difícil de lo que ya es para todos. Algo que sólo debería poder entender un adulto, yo ya tenía un máster en la materia.

En el colegio, al terminar las clases sobre las 5 de la tarde, unos cuantos chicos de la clase de enfrente solían buscarme para cogerme del pecho y estamparme contra la pared y llamarme “maricón". No sabía lo que querían decir. No sabía lo que era ni el amor ni el sexo. Ellos no me conocían, ni yo a ellos. En el autobús, de camino a casa, continuaban insultándome llamándome “gay, maricón, etc".

Mi madre solía contarme entre risas que una profesora, cuando yo tenía 3 años y aún no sabía hablar, citó a mis padres para una reunión de urgencia. La profesora les dijo que estaba preocupada, que pensaba que yo era homosexual. Mis padres, atónitos, contestaron: “¿Qué?". Ella contestó: le he visto jugar con juguetes de chicas demasiado tiempo, no sólo de chicos. Mis padres dijeron: “¿para eso nos llamas?".

Cuando mi madre me lo contaba, siempre dejaba caer que qué estupidez pensar que era homosexual por eso. Quería tranquilizarme, y lo que me transmitía siempre era: “tranquilo, no eres homosexual. Todo va bien. No eres “de esos"".

Todos hacemos algo muy simple en el colegio e instituto: nos juntamos con quienes no nos insultan. En mi caso, eran las chicas. Los chicos me presionaban mucho más para que cumpliera con el estereotipo de hombre clásico, ya sabes: fingir que no sientes miedo, obligarte a ser agresivo cuando no hace falta, hablar todo el día de tías buenas y fingir que no tienes glándulas lagrimales. Asique los evitaba. En el instituto, cuando salía el tema de novias y “rollos", me daban ataques de pánico que disimulaba muy bien.

Mirando atrás, claramente me pasé toda la adolescencia con ansiedad y depresión clínica. Nadie hablaba de salud mental en aquella época, al menos en mi entorno. Todo se solucionaba hablando con amigos o yendo al tarotista. Asique yo hablaba con las 3 amigas que tenía. Una de ellas, la pobre, aguantó mis discursos hiper-deprimentes durante años.

No escuchaba a nadie hablar de lo que yo era, sólo para estereotiparlo y encasillarlo en un cliché ridículo. Veía películas, y ningún hombre amaba nunca a otro hombre. Jugaba a videojuegos, y yo no estaba. Lo mismo con anuncios, series, programas de TV, cuentos infantiles o películas de Disney… Eso me mandaba un claro mensaje inconsciente: “nos avergonzamos de ti. Eres irrelevante".

Mi película favorita era Matrix. Como dice Morfeo a Neo: “Estás en una prisión que no puedes ni saborear ni oler ni tocar. Una prisión para tu mente". Así me sentía yo. En un mundo que fingía que yo no existía y poseído por un sentimiento de irrealidad. Quería ser Neo. Me encantaba cuando el agente Smith le llamaba “señor Anderson". Y él contestaba “mi nombre es Neo". Era como: “no soy lo que tú decides, soy lo que yo decido".

Ahora, de adulto, leí que las hermanas Wachowski querían que el personaje de Switch fuera un hombre en el mundo real y una mujer en Matrix. Era transexual. Ya tenían el casting hecho para el actor y la actriz. Pero nunca pasó. Lo prohibieron. Cuando la gente dice que se fuerza la aparición de personajes LGTBI, es más bien al contrario. Se prohíbe. No están forzados, están mal escritos. Como tantos personajes heterosexuales en esas historias en las que meten el amor hiper-predecible cuando no toca. Hay que exigir calidad, no que desaparezcamos otra vez.

Cuando escuchaba comentarios homófobos en mi casa, de mi familia o amigos, no me importaba. No me dolía. Sí me dolía cuando los chistes los hacían completos desconocidos. Porque si lo decía mi familia, siempre podía decirme a mi mismo que “ya me escaparé de aquí, ya encontraré otra familia". Pero cuando se lo oía decir a un desconocido sentía que no había ningún lugar al que huir. Que estaba atrapado y “acabado".

A día de hoy, leo o escucho una palabra que empieza por “mar…" y me entra un pánico inconsciente que me dura 3 segundos. No me ofende, no me duele. Pero tengo esa reacción.

Quien llegaba a conocerme, en el instituto, siempre me decía lo mucho que se reían conmigo, lo bien que les caía, lo inteligente que les parecía. Que podía hablar de todo en profundidad y que era generoso. Pero yo seguía sintiendo que era una basura inmunda. Alguien ridículo, sin valor, alguien que haría feliz a la sociedad desapareciendo.

En el instituto, sólo un chico de clase se esforzó por conocerme. Es heterosexual. Me sorprendía que se comportaba de una forma muy diferente conmigo a cuando estaba con su grupito de amigos. Me hablaba mucho de sus sentimientos y no se reía de nadie. Una vez me dijo que su padre le decía que “los hombres no lloran". Cada vez que me decía algo similar, yo le decía lo absurdo que me parecía. Él se sentiá más y más agusto conmigo. Pero yo no me sentía agusto con él. Yo seguía escondiéndome.

De adulto me di cuenta de que cuando una relación se fortalecía en mi vida, la destruía a propósito. No quería que se acercaran a mi verdad. No era seguro. Me sentía muy solo.

¿Cómo puedes sentir que te quieren cuando no te ven? Me preguntaba: si todo el mundo (familia, amigos) supiera quién soy al 100%, ¿me querrían igual? ¿Qué evidencia tengo de que es así? No lo puedo saber.

Aún así, nisiquiera era consciente de que era gay. No puedo describirlo. La única referencia de un hombre homosexual que me habían enseñado, era la de alguien con “mucha pluma", promiscuo, que sólo quería salir de fiesta y ahogar la ansiedad que le daba ser rechazado con las drogas. Yo no era ni hacía nada de eso. Asique ¿cómo podía ser gay? “El amor es para otras personas, no para mi" – pensaba.

Un día, en el patio del instituto, me reí junto con una compañera de la pluma de un chico. No me hizo falta conocerle ni un informe policial para decidir pensar que era gay. Él se dio cuenta, me miró, y borré su sonrisa. Miró al suelo con cara de tristeza. Me supo mal y ya está. Pero ahora se que yo sólo estaba haciendo lo que me habían enseñado: odiar, ridiculizar y esconder a cualquier hombre que no cumpla con el estereotipo de hombre que me imponían.

En la vida adulta, incontables heterosexuales me han dicho que se arrepienten mucho de haberse metido con chicos gays. Que fueron unos “gilipollas" y que ojalá alguien les hubiera abierto los ojos a tiempo. Pero la sociedad estaba sentando cátedra en otra dirección. Ellos sólo se esforzaron por ser buenos estudiantes, igual que hice yo.

Solía escuchar a la gente decir, mientras veía un anuncio de yogures o perfumes en el que dos heterosexuales se metían la lengua hasta el esófago, que los niños no deberían ver a homosexuales en la televisión, porque era inadecuado para su edad. Que los besos ya, si eso, “cuando sean mayores". Solía ver que los niños podían ver a parejas heterosexuales en todas las películas de Disney, pero que los homosexuales quedaban reservados para “cuando sean mayores". Lo heterosexual era sólo amor, lo homosexual era sólo sexo para adultos. Lo heterosexual era inocuo, lo homosexual era adoctrinar y presionar para que los niños fueran homosexuales. O hablar a niños de dildos y consoladores. No entendía nada, y no me paraba a intentar entenderlo.

Ponía la televisión y oía hablar de “las minorías". Yo me preguntaba por qué no llamaban “las minorías" a los fans del jazz o a los militares. Son un porcentaje minoritario de la población. Mientras me llamaban “las minorías", yo me sentía la persona más mayoritaria del mundo. Quería ser feliz, amar en libertad, celebrar quién soy, querer a mi familia, encontrar mi sitio, luchar por mis sueños. Sentía que el adjetivo “minoría" impedía que me difuminara con el resto de la multitud. Me sentía señalado y aislado.

Un día, después de que mi mejor amiga me contara que su madre heterosexual la abandonó con 3 años y su padre heterosexual es, como mucho, un “amigo" que ve a veces y que tiene que ayudar como si fuera su madre, llegué a casa y encendí la televisión. Escuchaba a la gente cuestionar mi lucidez y capacidad mental para cuidar de un niño pequeño. “Hay debate sobre si los homosexuales pueden criar a hijos". Pero yo sentía que mis padres heterosexuales me habían fallado. Apenas veía a mi padre, quien por cierto me dijo que la homosexualidad era una enfermedad. Y murió sin que le dijera que era homosexual. Y mi madre nunca escuchaba cómo me sentía en ningún aspecto. Me críe, emocionalmente, sólo.

Eso me hizo darme cuenta de que se equivocaban. Porque yo sabía demasiado bien lo que un niño necesitaba para ser feliz. Me sentía muy capacitado para ser padre. Sabía que lo que necesita un niño es amor y aceptación, no que seas hombre o mujer. Los datos ya lo dicen. Los niños criados por homosexuales no tienen absolutamente ningún problema especial de ninguna clase.

También escuchaba a la gente comentar que los homosexuales éramos “hombres débiles". “Tienes menos fuerza que el pedo de un marica". Que éramos cobardes, sin fuerza, y no teníamos iniciativa. Sin embargo, yo siempre lo vi al revés. Lo fácil es sucumbir a la presión social y hacer lo que dicen que hagas. En este caso, insultar a los homosexuales sin conocerles. Lo valiente, para lo que hay que “tener muchos cojones", o “ser un hombre", si quieres, es mostrar quién eres aún sabiendo que pueden rodearte entre 13 tíos y darte una paliza de muerte. Lo fuerte y valiente es remontar a una sociedad entera y acabar queríendote, contra todo pronóstico. Lo valiente es vivir la vida que quieres y luchar. La fuerza se lleva en tu actitud ante la vida, no en el puño o en la orientación sexual.

Nos echaban en cara que no podíamos procrear, pero cuando salía el tema de que los homosexuales tienen óvulos y espermatozoides y pueden procrear por vías no tradicionales, y convertirse en padre/madre biológicos o adoptivos, te llamaban antinatural o pedófilo. Antinatural, como si algo que existe en la naturaleza pudiera no ser natural. Siempre había una sentencia.

No estoy diciendo que sólo sufre la gente LGTBI. Pero te pueden llamar gordo y maricón. Calvo y maricón. Bajito y maricón. Cuatro-ojos y maricón. Jodidos estamos todos. Pero la homofobia es un problema añadido más con muchas ramificaciones y una auténtica prisión para la mente. Y ahora estamos hablando de la homofobia, no de otros problemas.

Es curioso. Hice muchísimas cosas maravillosas e interesantes en la vida y con muchísimo significado, a parte de no vivir mi sexualidad y mi afectividad. Pero como no me mostraba como era al 100%, me decía cada día que no valía. Que debería desaparecer. No dejé de sentirme profundamente deprimido y ansioso, ni sentí que estaba viviendo, hasta el día en el que celebré quién era al completo y dejé de esconderme. Empecé a amar la vida por primera vez. Con sus desgracias, con sus problemas. Pero la amé. Unos meses antes había estado teniendo pensamientos suicidas.

Empecé a vivir con 23 años. Samuel tenía 24. No le conocí, pero mi corazón se rompe al pensar que quizá lo mataron sin que hubiera vivido.

Estos días he estado escuchando que todos los medios y la policía tienen un consenso oficial e incuestionable: es IMPOSIBLE que agredieran y mataran a Samuel por ser homosexual porque los agresores no le conocían. No podían saberlo. Samuel no se lo dijo. “No está claro que lo mataran por homosexual". “No se sabe" “La policía lo descarta".

“¿Lo dicen aposta para cabrearnos"? -pensé. Cada vez que lo escucho, me dan ganas de darle un puñetazo a la pared. Se que todas las personas LGTBI de España se sienten así ahora mismo. A todos nos decían que éramos homosexuales antes de saber hablar o abrocharnos las zapatillas. Me estampaban contra la pared antes de que yo mismo supiera lo que era ser homosexual. No pudieron agredirme por gay, ¿verdad? No me conocían, jamás les dije que era gay. Veréis: los agresores no utilizan el método científico para averiguar si eres LGTBI y entonces luego agredir. Es algo que deciden pensar. Y a continuación, actúan en consecuencia.

Los agresores no salieron a la calle en busca de gays. Cierto. Pero eligieron a uno. Le llamaron maricón, no astronauta. Y Samuel era homosexual. Le pegaron, lo matarón al grito de “maricón de mierda" y después le robaron el movil. No seré yo quien dicte sentencia. La rabia puede cegarme. Y siento mucho respeto por la policía y su trabajo, pero he sentido que ellos no han tenido el mismo respeto por nosotros. Y los medios, muchísimo menos. Me he sentido despreciado e ignorado.

El otro día, comentando lo de Samuel con mi familia, me dijeron: “la mayoría de la gente es buena, hay unos cuantos idiotas que hacen daño" “esto es una exageración". Pero esa no ha sido mi vida. La mayoría de la gente no fue buena conmigo. Y sólo unos cuantos sí lo fueron. Me decían que viviera con completa normalidad y que dejara de quejarme. Que no hay negros y blancos, homosexuales o heterosexuales. Hay buena gente y mala gente. Que problemas tenemos todos, que menos dramatizar e ir de víctima. Vale. ¿Significa eso que pudo ser ya yo mismo sin arriesgarme a que me den un apaliza? ¡Gracias! ¡Problema resuelto!

Me dijeron que el día del orgullo era una estupidez, que no había un día del heterosexual. No voy a juzgar a nadie por la utilidad que le ve o no le ve. Pero el día del orgullo fue el único mensaje positivo sobre mi que percibí de adolescente, cuando nadie más lo hacía.

Me gustaría pedir algo a todas las personas LGTBI de España: contad vuestras historias con todo detalle. No dejéis que la gente se lo imagine o que se lo cuenten otros. Cread hilos eternos en Twitter, sacad todo lo que lleváis dentro. Porque durante demasiado tiempo han hablado de nosotros sin preguntarnos. Y ahora es nuestro turno.

Si alguien hace un chiste homófobo, explicadle por qué no tiene gracia. O levántate y vete. No os quedéis callados por no cortar el rollo. Reaccionad. La vergüenza es suya. Con todo el respeto, tienen que empezar asumirla.

Y a todos: me da igual a quién votes. Más allá de la moda del odio, más allá de los algoritmos de las redes sociales que sólo te muestran lo que te genera interés o lo que te da la razón, para que pases más tiempo en la red social, te tragues publicidad y le des dinero a los propietarios. Más allá de cualquier cosa. Lo sé. Se que eres capaz. Te pido que seas mejor. Que lo hagas mejor. Prueba a apagar la tele y a no escuchar a los tertulianos ni a ningún opinador a sueldo. Que te dejen pensar por ti mismo sólo un momento. Habla con personas LGTBI y pregúntales sobre lo que piensan y lo que han vivido. Escúchales. Sin interrumpirles. Tienen mucho que contarte.

Antichrist Superstar

Antichrist Superstar

Pie de foto de imagen destacada: Representación femenina de Baphomet

Andrés Zúñiga Chiriboga

Constante Alona Nº. 0138 GODF. Alicante – España

—Te lo digo en serio, abuelita querida, ahora hubieras conocido al abuelo de otra manera…

—Mmm… ¿Y tú confías en ese estúpido que acabas de conocer? Así, ¿sin más

—La confianza vendrá luego. ¡Primero va el sexo, abuelita! Y si la cosa marcha bien, si te entiendes en la cama con el candidato en cuestión… Pues ya quedas con él otro día y vas conociéndolo mejor…

—¡Pero…!

—¡Ya lo sé! Ya sé que en tus tiempos conocías al chico y al final, después de hacerte la difícil… venía el sexo. No sé cómo podían aguantar, abuelita de mi corazón. Eso no es vida…

—Ya basta de mentiras, maldita muchacha. No quiero más mentiras tuyas…

—Pero abuelita…

—Solo quiero sentarme en mi maldito sofá con mi gato, ver a esos imbéciles de la televisión y… ¡Mire, Señor Gato! ¡Por allí va su cena! ¡A cazar!

—¡Abuelita, hazme caso! ¿Y nuestra misión de esta noche? ¿Qué pasará con la Antichrist Superstar?

—Pues… Que conciba otra bruja a esa condenada criatura… ¿A mí qué me cuentas?

—Abuelita…

—Muchacha impertinente, que a mi edad, después de todo lo que he vivido, solo me quedan ganas de rascarme y olerme… Y volverme a rascar. ¿Tanto te cuesta entenderlo? ¡Oh! Mira qué rápido atrapó su cena Señor Gato… ¡Solo por ver esto vale la pena no limpiar nunca!

—¡Abuelita! Quiero que no te rindas; además, el chico me dijo que estaba dispuesto a hacerlo hoy mismo… ¡Y lo conozco hace tres días! No puedo dejarlo escapar, abuelita… ¿Qué pensaría el abuelo si defraudas así a tu nietecita?

—¡No metas al tarado del abuelo en esto! ¡No vayas a invocarlo sin venir a cuento!

—Pero…

—Que no quiero nada… Y si solo has venido a eso, endemoniada muchacha… ¡Vete!

—Abuelita mía… ¿Por qué no quieres ayudarme a que conciba a la Antichrist Superstar?

Pie de foto de imagen destacada: Representación femenina de Baphomet

Andrés Zúñiga Chiriboga

Constante Alona Nº. 0138 GODF. Alicante – España

—Te lo digo en serio, abuelita querida, ahora hubieras conocido al abuelo de otra manera…

—Mmm… ¿Y tú confías en ese estúpido que acabas de conocer? Así, ¿sin más?

—La confianza vendrá luego. ¡Primero va el sexo, abuelita! Y si la cosa marcha bien, si te entiendes en la cama con el candidato en cuestión… Pues ya quedas con él otro día y vas conociéndolo mejor…

—¡Pero…!

—¡Ya lo sé! Ya sé que en tus tiempos conocías al chico y al final, después de hacerte la difícil… venía el sexo. No sé cómo podían aguantar, abuelita de mi corazón. Eso no es vida…

—Ya basta de mentiras, maldita muchacha. No quiero más mentiras tuyas…

—Pero abuelita…

—Solo quiero sentarme en mi maldito sofá con mi gato, ver a esos imbéciles de la televisión y… ¡Mire, Señor Gato! ¡Por allí va su cena! ¡A cazar!

—¡Abuelita, hazme caso! ¿Y nuestra misión de esta noche? ¿Qué pasará con la Antichrist Superstar?

—Pues… Que conciba otra bruja a esa condenada criatura… ¿A mí qué me cuentas?

—Abuelita…

—Muchacha impertinente, que a mi edad, después de todo lo que he vivido, solo me quedan ganas de rascarme y olerme… Y volverme a rascar. ¿Tanto te cuesta entenderlo? ¡Oh! Mira qué rápido atrapó su cena Señor Gato… ¡Solo por ver esto vale la pena no limpiar nunca!

—¡Abuelita! Quiero que no te rindas; además, el chico me dijo que estaba dispuesto a hacerlo hoy mismo… ¡Y lo conozco hace tres días! No puedo dejarlo escapar, abuelita… ¿Qué pensaría el abuelo si defraudas así a tu nietecita?

—¡No metas al tarado del abuelo en esto! ¡No vayas a invocarlo sin venir a cuento!

—Pero…

—Que no quiero nada… Y si solo has venido a eso, endemoniada muchacha… ¡Vete!

—Abuelita mía… ¿Por qué no quieres ayudarme a que conciba a la Antichrist Superstar?

—¿Eh?… No lo sé… Me habré vuelto loca. ¿Usted qué opina, Señor Gato?

—¡Miau!

—¡Seré mamá, abuelita!

—Neh…

—Voy a tener un bebé para jugar con él…

—Neh…

—Lo disfrazaré de animal…

—Neh…

—Le llamaré Lucifer…

—Bah…

—Le enseñaré a vivir de la prostitución…

—Neh…

—¿Qué harás mañana, por ejemplo, abuelita mía? ¿Tienes algún motivo para abrir esos ojitos mañana?

—¿Qué…? ¿Mañana? Pues… todavía no lo sé. Supongo que si me dejas en paz, haré lo que más me apetece… Es decir: nada.

—Está bien, abuelita amada. Por hoy te dejo en paz a ti y a tu Señor Gato. Le diré al chico que… ¿No quieres saber ni siquiera su nombre?

—No.

—Se llama Eduardo, es virgen… acaba de cumplir diecisiete años.

—Muchacha, eres asquerosa. Anda, vete antes que le cuente esto a tu madre…

—Hasta me escribió una carta. ¡Mira! Es un sol de niño…

—¿Eh? ¿Qué carta? ¿Todavía escriben cartas?

—Dice así:

 «¿Qué te diría, amada mía? Te diría que quiero verte, que necesito imperiosamente verte, que me hace falta tu sonrisa majestuosa. ¿Te vi ayer? Pues me parece mucho tiempo sin ti. Te diría alguna excusa torpemente ideada para intentar verte, que me dejes estar a tu lado. Te diría que puedo poner todo mi mundo de cabeza por estar contigo, amadísima mía. Te diría que solo falta que tú me pidas que lo deje todo y yo, ciertamente, lo dejaría todo. ¿Error?

Mañana te podría reclamar. Y reclamarme a mí mismo. Pero hoy no. Esta noche sería capaz de jurarte amor eterno. Podría decirte que nunca más estarás sola. Te diría que ya no tienes de qué preocuparte, que solo tienes que ocuparte de ser feliz infatigablemente. ¿Soy imbécil?

Pero insistiría y te diría que no soy nada sin ti, amor de mis amores, que necesito escuchar tu voz todos los días, dormir a tu lado cada noche. Te diría que el destino quiere que estemos juntos. Te diría que soy incapaz de luchar contra esto que siento por ti. Te diría que esto fue un flechazo ineludiblemente certero. Te diría gracias por encontrarme, por dejarte encontrar. Te diría que nos espera una eternidad juntos. Te diría que esto es amor de verdad. Te diría que mientras estés conmigo, soy capaz de todo. Idiota que soy… Te diría que tu belleza me ha cegado… Y que como ocurre en el descabellado sueño que tengo desde poco antes de conocerte… Ese sueño en el que todo está oscuro y nos unimos en medio de un extraño ritual… Estoy listo para morir por amor.»

—Bah… Ve en ti todo lo que no encuentra en él mismo, pobre idiota… Pero reconozco que este al menos ha logrado extraer algo de sus sueños… ¿Por qué me lees esas cosas, posesa?

—Solo hacía un último intento por ver si te animabas… Pero ya veo que… En fin…

—¿Entonces, te vas por fin?

—Que sí, abuelita. No te enfades conmigo, que soy la que más te quiere en el mundo entero… A ver, hoy estamos a miércoles… Volveré a intentarlo… el martes próximo.

—¿Eh…? Ah… Cómo quieras, endiablada… La respuesta será la misma.

—Adiós, abuelita. Te quiero…

—Sí, sí, sí…

—¿Sabes qué?

—¿Ahora qué pasa, muchacha?

—Pasa que no es justo, abuelita… Ni para mí, ni para Eduardo… ¡Ni para ti! Quiero traer a este mundo a la Antichrist Superstar… Anda, déjame tu casa para intentarlo solo una vez más.

—Escúchame bien, maldita muchacha, porque te lo diré solo una vez más: Si esta noche metes en mi casa a otro de tus cretinos… yo misma me ocuparé de todo lo necesario para que vayamos a la cárcel…

—Eso es que tienes planes para mañana, abuelita… Con eso me basta…

—No estoy jugando, muc…

—Sabes bien que yo no juego con esto, abuelita. Si no fueras necesaria, no vendría a verte… Esa es la verdad.

—¿Eh? Bueno, ahora estás siendo sincera. Con eso me basta a mí. ¡Señor Gato, deje de destripar a ese maldito ratón y cómacelo de una vez! Parece que disfrutara viéndolo sufrir, oye… Señor Gato es adorable cuando quiere, ¿no crees?

—¡Abuelita! ¿No entiendes que esos jóvenes lo pasarán mal si no vienen aquí y realizan el ritual con nosotras?

—Puff… Ya estoy muy vieja para eso… Y nadie cree ya en estas cosas… ¿Cómo consigues hacer venir a esos pobres diablos? ¡Insensatos!

—De pobres nada, juraría que saben perfectamente a lo que vienen. Bueno, este último casi seguro que lo sabe, ¿no has escuchado su carta?

—¿Cuál…? Ah… Puede que este tonto sea el que hemos buscado por tanto tiempo…

—Y aparecen de la nada, ya deberías saberlo. Si esto se hace bien, no hace falta convencer a nadie, son ellos los que me buscan…

—¡Ja! Si hace diez años me dicen que harías funcionar esto así, se me hubiera desencajado mi vieja mandíbula de la carcajada…

—En resumen, querida abuelita, mi bello candidato está a punto de llegar. Así que no hay marcha atrás. Tú, como antigua bruja, me servirás tan solo con tu presencia al principio. No necesito nada más…

—Ese es justamente el problema, muchacha necia…

—¿Cómo dices? ¿Quieres participar?

—«Participar».

—¿Quieres o no, abuelita?

—No entiendes nada, muchacha. ¡Quiero volver a dirigir esta mierda!

—¡Ja! Así que todo este berrinche tuyo va de eso…

—Si quieres hacerlo bien, déjame guiar el ritual a mí como antaño… Quiero intentarlo de nuevo… ¿Cómo crees que conseguí que Señor Gato sea un gato tan feliz?

—¿Eh?

—¡Muchacha despistada! No tardaré nada en colocar a los cuatro elementos en cada punto cardinal de la habitación que usamos para la ceremonia… Al norte la tierra. ¡Una moneda nos servirá! Al sur el aire. ¡Por aquí tengo unas cuantas plumas de la última vez! ¿Qué más? ¡Ah! Al este el fuego. Tengo unas velas negras preciosas para el altar. Y agua al oeste… Será un ritual como los de antes, muy bien hecho…

—Pero, abuela… A mí con que se lave las manos al llegar aquí, me sobra… Es de eso a lo que me refería al principio. Antes, ustedes se daban plazos demasiado largos para llegar a conseguir algo. Ahora todo es mucho más rápido…

—¿Cómo? No te confundas, muchacha imprudente. Hacer magia de verdad puede esconderse tras muchas apariencias. Deja que saque el mejor vino que tengo para que puedan brindar juntos por cada uno de los elementos… Recuerda que a la entrada, deben empezar por el fuego, luego por el agua, después por la tierra y cerrar el círculo mágico en el aire…

—Esto no está bien, abuelita…

—…Cuando acaben, brindarán primero por el aire, luego por la tierra, luego por el agua y finalmente por el fuego… ¡Será maravilloso!

—¡Ya está bien! Lo haremos a mi manera, abuelita… Que pase enseguida al sexo oral, sino puede sospechar algo…

—¡No! ¡Después del brindis, lo correcto es que se sienten desnudos en el centro… ¡Sin tocarse las rodillas, recuérdalo! ¡Allí se mirarán a los ojos en silencio durante treinta y tres minutos! Recuerda que no está permitido reír o llorar… Bueno, si no pueden controlarse, pueden reír y llorar. Pero quiero ver que intenten no hacerlo… ¡Sobre todo no hablen!

—No, abuelita. Después seré yo la que siga con el sexo oral. Es lo mejor para despertar a la bestia.

—…Y después de mirarse fijamente y haber establecido una conexión, deben abrazarse durante otros treinta y tres minutos. ¡No lo olvides! ¡Treinta y tres minutos…! Mejor voy a buscar mi destartalado reloj… ¡Señor Gato, ¿ha visto usted mi reloj?!

—¡Miau!

—¡Abuelita! A esa hora estaremos empezando a concebir a la Antichrist Superstar

—…Y por último, deben acordar otra cita para repetir el ritual las veces que hagan falta…

—¡Abuela, haremos pequeños descansos, por si te aburres y quieres salir a ver la tele con Señor Gato! ¡Sexo, descanso, sexo, descanso…! Dependiendo del entusiasmo de mi guapo candidato…

—¡Deberían mostrar respeto a Shakti! Poseerte así puede ser considerado una afrenta… ¿No has estudiado a La Papisa del Tarot como te pedí?

—¡Son otros tiempos, abuelita!

—¡Tiene atravesado el pecho por un falo!

—Déjalo, por favor, abuelita…

—Contigo es imposible organizar un ritual en condiciones, muchacha alocada…

—Cuando él se haya quedado exhausto, llegará el momento más importante de la ceremonia, quemaremos la Biblia y…

—¿Por lo menos puedo ser yo quien le dé la bienvenida a la Antichrist Superstar?

—Bueeeno… Pero despedimos juntas al viejo Eduardo, abuelita…

—¡El timbre, maldita muchacha! Debe ser él…

—Por favor, abuelita. Mantén las formas… Y recuerda, solo participas en la ceremonia. No voy a casarme con él, no lo voy a conocer ni a interesarme en si le gusta más Crowley o Blavatsky… Solo haremos realidad su sueño…

—¡Y el tuyo!

—¡El nuestro!

—¡Señor Gato! Haga como que usted no sabe nada…

—¡Miau!

Todo masón debe evitar vivir con la moral de Tartufo

ATodo masón debe evitar vivir con la moral de Tartufo

Pie de foto de imagen destacada: Tartufo, prototipo del hipócrita.

La historia de la humanidad se ha caracterizado por la explotación del hombre por el hombre. Guerras, torturas, genocidios, y una interminable lista de hechos miserables realizados por el homo sapiens, lo cual deja al descubierto que la capacidad racional no hace la inteligencia.

La vida humana es en sí misma ensayo y error, no obstante, existen errores y horrores, y esa es la notable diferencia entre el actuar del profano y el actuar del masón.

En este mundo de horrores – más que de errores – producto de la ignorancia en la cual se busca mantener  al ser humano con fines e intereses muy siniestros, existe el iniciado en la luz masónica, el cual trabaja en el conocimiento de sí mismo buscando “despertar” para llegar a ver la realidad del mundo más allá de los fenómenos que impresionan a los sentidos y  entregan una falsa imagen de la realidad como se ilustra notablemente en el mito de la Caverna de Platón: “las sombras son la realidad de los prisioneros pero no son representaciones precisas del mundo real”.

Despertar es llegar a comprender que, como señala Thomas Hobbes, el “ser humano es malo por naturaleza”, pues “el hombre es un lobo para el hombre”, y la naturaleza humana se caracteriza por un egoísmo cruel y universal por el poder en cualquier de sus manifestaciones: fama, riqueza, conocimiento, amor, prestigio, etc., que no son más que expresiones del poder que el hombre anhela.

El poder es amoral, es el ser humano quién lo hace inmoral. Es en esta inmoralidad por la lucha del poder  – que ha causado tanto daño a través de la historia de la humanidad –   que el masón debe evitar caer prisionero en el estado de sueño al cual lleva la moral de Tartufo, pues un masón puede estar activo en logia y encontrarse  a su vez mucho más dormido que un hermano que ha pasado a estar en sueño, toda vez que el “estado de vigilia”  dependerá del nivel de consciencia alcanzado.

No deben existir Tartufos en la masonería, por el bien de la Orden y de la Humanidad. El dramaturgo y poeta Francés Jean-Baptiste Poquelin, más conocido como Moliére, concluyó en 1664 su obra Tartufo – Tartuffe –  en la cual denunciaba la hipocresía religiosa, vigente hasta el día hoy, y agravada por una cofradía de pedófilos y pederastas protegidos por la Santa Sede.

Tartuffe es el nombre dado a la trufa, un hongo escondido bajo la tierra. Ahora bien, el masón que vive como un Tartuffe – ese hongo que no es ni animal ni vegetal -, vive sin ser un profano y  vive sin ser un masón, es decir, se convierte en un ser miserable sin un mundo al cual pertenecer, un ser sin luz y sin oscuridad.

El masón Tartuffe es aquél que en las entrañas de la tierra degenera el V.I.T.R.I.O.L., pues  ignora el valor y el sentido de rectificar la Piedra Bruta. Entonces, simbólicamente, Tartufo o el impostor – Le Tartuffe ou l’Imposteur –, es el falso masón, aquel impostor que ha buscado iniciarse en la augusta orden masónica y asiste regularmente a la logia motivado por alguna, o quizás por todas, de estas tres razones:

  • por gusto al tenedor y cuchillo: asiste a logia solo por su deseo de comer, beber y conversar.
  • por arribismo: asiste a logia buscando contactos y status para acceder a una clase superior.
  • por instinto mercenario: asiste a logia buscando obtener beneficios económicos y materiales.

El masón que hace de su iniciación y de su vida masónica un Tartuffe, no vive en un error sino en un horror, el horror de  no haber entendido nada acerca del verdadero sentido de la iniciación masónica.

No es menester alcanzar el grado de maestro masón o el grado 33° del Rito Escoses Antiguo y Aceptado para llegar a ser un ser humano despierto, el despertar es un nivel de consciencia y no el ostentar un cierto nivel o grado en la carrera masónica, pues es del todo cierto que existen profanos despiertos – profanos con mandil – y masones regulares en tinieblas – masones tartufos -.

Todo masón debe conocer y reconocer su historia y sus errores para que así estos no lleguen a convertirse en horrores. Asumir sus errores a la luz de la verdad porque, aunque fría como una daga, es mejor vivir en la verdad o en la búsqueda de ella, que vivir en la ignorancia.

La verdad nos enseña que como toda obra humana la masonería es imperfecta, comete errores y en ocasiones horrores inspirados por Tartufo, los cuales se deben conocer para aprender de ellos. He aquí uno de ellos:

La masonería Chilena, particularmente la Gran Logia de Chile, tuvo por Gran Maestro de la Gran Logia de Chile durante los años 1998-2002 / 2002-2006, al profesor Jorge Carvajal Muñoz, quién desarrollo una vida masónica de 47 años, alcanzo el grado 33° y último del R:.E:.A:.A:..  Años de vida masónica y el haber alcanzo los más altos grados en la Orden, no fueron suficientes para rectificar la piedra bruta, llevándolo a cometer horrores, por ansias de poder – que le valieron el ser expulsado de la masonería el año 2008. No es un hecho para alegrarse sino para lamentar. De los errores se aprende, de los horrores se sufre.

El aprender de los errores y el sufrir por los horrores, debe servir para alejar de las logias todo indicio de Tartuffe, pues en ello está el prestigio, el futuro y el destino de la masonería.

El Q:.H:. José Ingenieros, el su obra el Hombre Mediocre, en el Capítulo III. Punto I, nos habla de “La Moral de Tartufo”, palabras que todo buen masón debería grabar en su plancha de trabajo interno para ser luz en su logia y  un ejemplo digno de imitar en la sociedad profana, sin que por ello deba dar a conocer al mundo profano su condición de masón.

He aquí las palabras del Q:.H:. José Ingenieros: “La hipocresía es el arte de amordazar la dignidad; ella hace enmudecer los escrúpulos en los hombres incapaces de resistir la tentación del mal. Es falta de virtud para renunciar a éste y de coraje para asumir su responsabilidad. Es el guano que fecundiza los temperamentos vulgares, permitiéndoles prosperar en la mentira: como esos árboles cuyo ramaje es más frondoso cuando crecen a inmediaciones de las ciénagas.

 Hiela, donde ella pasa, todo noble germen de ideal: zarzagán del entusiasmo. Los hombres rebajados por la hipocresía viven sin ensueño, ocultando sus intenciones, enmascarando sus sentimientos, dando saltos como el eslizón; tienen la certidumbre íntima, aunque inconfesa, de que sus actos son indignos, vergonzosos, nocivos, arrufianados, irredimibles. Por eso es insolvente su moral: implica siempre una simulación.

 Ninguna fe impulsa a los hipócritas; no sospechan el valor de las creencias rectilíneas. Esquivan la responsabilidad de sus acciones, son audaces en la traición y tímidos en la lealtad. Conspiran y agreden en la sombra, escamotean vocablos ambiguos, alaban con reticencias ponzoñosas y difaman con afelpada suavidad. Nunca lucen un galardón inconfundible: cierran todas las rendijas de su espíritu por donde podría asomar desnuda su personalidad, sin el ropaje social de la mentira.

 En su anhelo simulan las aptitudes y cualidades que consideran ventajosas para acrecentar la sombra que proyectan en su escenario. Así como los ingenios exiguos mimetizan el talento intelectual, embalumándose de refinados artilugios y defensas, los sujetos de moralidad indecisa parodian el talento moral, oro pelando de virtud su honestidad insípida. Ignoran el veredicto del propio tribunal interior; persiguen el salvoconducto otorgado por los cómplices de sus prejuicios convencionales.

 El hipócrita suele aventajarse de su virtud fingida, mucho más que el: verdadero virtuoso. Pululan hombres respetados en fuerza de no descubrírseles bajo el disfraz; bastaría penetrar en la intimidad de sus sentimientos, un solo minuto, para advertir su doblez y trocar en desprecio la estimación”.

La mente preclara del Q:.H:. José Ingenieros nos enseña como conocer y reconocer a un Tartuffe, pues la principal debilidad del Tartuffe son sus ansias de poder. Masón y poder son temas insoslayables, como insoslayable es el poder como aspecto ineludible de la comunicación, entonces, el masón debe usar el poder, y particularmente el poder del conocimiento, para construir una sociedad más justa y fraterna, para educar y enseñar a pensar al que vive condicionado por la  ignorancia. Debe ser luz en un mundo de ignorancia, dolor e hipocresías.

El masón que usa su conocimiento, el poder del conocimiento sobre el mundo y su realidad, para instrumentalizar y servirse de otro ser humano, se convierte en un Tartuffe, un ser indecente e inescrupuloso, digno merecedor de ser llamado hipócrita con mandil.

En definitiva, ¿qué es ser masón?: “Ser masón es no ser Tartuffe”.

Autor: Carlos Francisco Ortiz

Masonería y poder en España: “En caso de duda, recurran a los masones”

Masonería y poder en España: “En caso de duda, recurran a los masones”

AUTOR: MANUEL GONZÁLEZ-MORO TOLOSANA

En su libro dedicado a la pintura “Con los ojos bien abiertos”[i] el escritor Julian Barnes, comenta irónicamente en referencia a cierta simbología no del todo aclarada que aparece en la pintura “El Encuentro” de Courbet: “En caso de duda, recurrir siempre a los masones”.

Y así ha sido históricamente. Los masones como comodín para explicar todo tipo de fenómenos, simbologías, guerras, tratados, leyes y epidemias. El poder oculto que mueve los hilos y que es el protagonista indispensable de todas las teorías de la conspiración. La masonería siempre ha sido uno de los actores predilectos para encarnar ese personaje. En esta historia, no es posible pasar sin mencionar a uno de los guionistas principales y cinéfilo y a la sazón Caudillo de España (nada menos que) por la Gracia de Dios, Francisco Franco Bahamonde. Es bien sabido que  a falta de un soporte ideológico sólido que el nacionalcatolicismo, el régimen franquista tuvo que apuntar su discurso en la férrea defensa contra un pérfido enemigo invisible, la celebérrima conjura judeo-masónica.

El mito de los masones (muchas veces en compañía de judíos) moviendo en la sombra los hilos del poder, venía desde luego de mucho antes y no era la primera vez que un gobierno utilizaba el espantajo del poder en la sombra para sus propósitos. Lo curioso de esta historia es que los propios masones en ocasiones, se han contaminado de este relato y han tenido la ilusión de ser el poder discreto real tras el poder visible. La frase “masonería en ningún sitio, masones en todos”, que a veces repiten ciertos masones, aludiría a esa estrategia mediante el cual los miembros de la masonería discretamente se irían infiltrando en todos los ámbitos del poder para así, discretamente imponer su agenda.

En pocas palabras, desde ese punto de vista, se diría que la masonería la herramienta para conseguir el poder en un doble sentido. Por un lado, sería el instrumento para imponer de manera velada una agenda, que no hace falta decir que sería en beneficio de unos pocos. Por otro, serviría a arribistas y gentes sin escrúpulos para encaramarse a puestos de poder a los que no podrían acceder por sus propios méritos. En resumen, la masonería se explicaría por su relación con el poder. Incluso autores, en absoluto anti-masones, como el periodista José Martí Gómez, comenta con cierto sarcasmo, que ya nada queda de la masonería (y su influencia política) en España, a partir de la Transición Democrática[ii].

Lo cierto es que la masonería española -numéricamente pequeña- no tiene ningún poder. Puede que individualmente algún miembro pueda tener un papel relevante, pero en general, su composición se compone de personas corrientes que ni siquiera pueden vacunarse de la COVID-19, hasta que les toque su turno y les llamen del centro de salud. Desde ese punto de vista estarían detrás en su nivel de influencia, de cualquier obispo, cuñado de obispo o alcalde con pocos escrúpulos. Por supuesto ni hablar entonces de empresas más ambiciosas como aprobar leyes, hundir grandes empresas.

Es cierto que en países donde la masonería es más fuerte como Francia, aún se escenifican las relaciones entre el poder político y la masonería. Los candidatos a la presidencia de la República todavía se pasan a exponer sus programas por la Rue Cadet, sede del Gran Oriente de Francia, pero nadie se atrevería a decir que esa Obediencia dicta la política francesa, o, ni siquiera, que es más influyente que la Renault o el movimiento de los Chalecos Amarillos, por poner dos ejemplos dispares.

¿Debe la masonería española lamerse las heridas de su total falta de influencia sobre el poder económico y político, llorando por otros tiempos supuestamente mejores? Mi opinión es que la falta de poder es una bendición. En primer lugar, porque libra a la institución de los arribistas, que como hemos visto en el párrafo anterior, nada pueden obtener. En segundo lugar, porque permite concentrarse en lo que realmente es el trabajo masónico. Y, en tercer lugar, en mi opinión, porque la sociedad a la que deben aspirar los masones debe de ser libre y democrática.

En un mundo tan complejo, globalizado y cambiante como el actual afirmar que nuestra sociedad debe de ser democrática, obviamente excluye la posibilidad de que los destinos del mundo sean decididos entre unos pocos o que unos cuantos influyan en las decisiones que corresponde tomar a todos (y muchos menos en la sombra). Muy al contrario, consiste en profundizar en los valores democráticos marcados en el objetivo 16 de la Agenda 2030. Promover la participación ciudadana con instituciones eficaces y transparentes. Esa debe de ser su conspiración.


[i] Barnes, J. (2015) Con los ojos bien abiertos. Anagrama.

[ii] Martí Gómez, J (2016). El oficio más hermoso del mundo. Una desordenada crónica personal. Clave Intelectual

La masonería en su verdadero sentido universal

La masonería en su verdadero sentido universal

Autor: MELINDA MICELI, crítico de arte.

La masonería es una de las sociedades iniciáticas más antiguas y seculares de hombres que aprecian los valores morales y espirituales de la fraternidad. El nombre deriva del francés maçon, mason, conectado a la historia de las corporaciones de albañiles libres medievales de quienes extrajo sus propios símbolos como el gobernante, el nivel, el cuadrado y la brújula, la plomada. El emblema de la masonería se explicaba formalmente en las herramientas y brújulas del equipo, a veces con la presencia de una letra grande “G”, con varias interpretaciones, incluido el significado de “Gran arquitecto” o “Dios “(Dios). A menudo es representado o representado también en el arte por el símbolo del ojo divino. La masonería tradicional apela a un principio superior que trasciende la realidad material, social y religiosa, que muchos llaman “Dios”, otros “Energía” u otro, y que, para evitar involucrarse en disputas estériles, llama Gran Arquitecto del Universo. La combinación de la fe en un principio superior y un proceso de superación personal es, de hecho, un proceso espiritual. Para completar el viaje iniciático, el masón debe trabajar en sí mismo utilizando las herramientas del Simbolismo y la Tradición siguiendo una escuela de vida y conducta moral que permite a cada adepto seguir su propia transformación y realización. La fraternidad sirve para su enriquecimiento espiritual, e induce a tener en cuenta la complejidad y riqueza de las relaciones humanas.

La masonería es una organización que induce un proceso espiritual, estructurado de una manera que garantiza la libertad y la independencia del trabajo de todos al tiempo que proporciona apoyo colectivo. El viaje continúa en etapas y permite una evolución progresiva sin ninguna imposición.

Gracias a la mezcla de libertad individual y tradición, la masonería ha superado los 18 siglos, mientras tanto, permanece invicta y muy actual. La calificación esencial para ser admitido es la de creer en el Ser Supremo, en “Dios”, sin discriminación por la creencia religiosa profesada, y también es necesario ser hombres de buena reputación y carácter amistoso. La masonería tiene tres grandes principios: el amor fraternal, la caridad y la verdad (libertad, igualdad, fraternidad).

Cada masón muestra tolerancia y respeto por las opiniones de los demás y se comporta con cortesía y comprensión hacia su propia clase. Este procedimiento es el desbaste de la piedra bruta, que pretende ser la mejora de nuestro ego, a través de trabajos rituales para alcanzar la piedra pulida;

Difundir el pensamiento positivo al finalizar esta actividad para mejorar el estado de compartir los principios morales, éticos y de hermandad, poner a toda la humanidad por delante del ego, para que sea un valor agregado en el crecimiento espiritual. Expandir los principios de la hermandad a través de la enseñanza iniciática.

La masonería persigue los principios del amor fraternal, la ayuda y la verdad, y en sus rituales se enseñan lecciones morales. Los siguientes son los principios fundamentales compartidos por toda la organización: el reconocimiento de una entidad creadora llamada Gran Arquitecto del Universo (AL.G.D.G.A.D.U.); no hay límite a la búsqueda de la verdad; La hermandad está abierta a todos los hombres de todas las naciones, razas y creencias; La lucha contra la ignorancia en todas sus formas.

Grande y secreto ha sido siempre la acción histórica y concreta de la masonería hacia los manicomios mentales en Italia, el derecho al voto de las mujeres, la abolición de la esclavitud y también los méritos de la misma en el Risorgimento y la historia republicana de nuestro país, porque La masonería incluye a los mejores hombres de la Tierra y su compromiso está dirigido a ayudar a los demás. El aprendizaje de las bases morales que son la masonería, los símbolos masónicos y las obras filantrópicas se dirige, de hecho, a apoyar a otros.

La masonería tiene sus raíces en las sociedades de compañerismo de la Edad Media y, por lo tanto, históricamente es heredera de una tradición masculina, pero el trabajo sobre uno mismo a menudo implica diferentes sensibilidades en el hombre y en la mujer, los hombres son de Marte, las mujeres de Venus. Por lo tanto, es posible elegir libremente compartir esta sensibilidad con personas del sexo opuesto y, por lo tanto, unirse a una masonería mixta; o puedes elegir vivir esta experiencia por separado, y luego puedes elegir entre obediencia masculina o femenina, dependiendo de tu género.

La masonería no es una sociedad secreta y no oculta su existencia, ni los libros que describen sus símbolos y rituales, muchos de los cuales se pueden encontrar en las librerías. La necesidad de no divulgar los rituales es solo para evitar que cualquier candidato a la Francmasonería experimente de antemano lo que está reservado para la iniciación, durante el cual puede comprender lo que la vida masónica puede ofrecerle.

Símbolos Masones

Símbolos Masones

Símbolos_masones Inglaterra, el rey Eduardo I decretó la expulsión de los judíos en 1290 (algo más de doscientos años antes de que los Reyes Católicos lo hicieran en España). Sin embargo, cierto número de judíos se introdujo en aquel país clandestinamente durante los siglos subsiguientes. Eran, en su mayoría, de origen ibérico (sefardíes) y se hacían pasar por conversos, aunque continuaban practicando privadamente la religión de sus mayores. Se trataba de “marranos” (nombre que recibieron en Castilla por “marrar” en la fe cristiana). Sus contactos comerciales con el exterior y su dedicación a la medicina y otras ciencias (ya que no se les permitía ejercer oficios, ni ingresar en el ejército) favorecían los intereses de la corona británica y ello les valió una tolerancia de hecho que solo consiguieron oficializar bajo el reinado de Carlos II Estuardo, en 1664.

Así pues, la inmensa mayoría de los judíos británicos, hasta el siglo XVIII, eran de origen español y portugués. Tras fundarse la londinense Orden Francmasónica, en 1717, cuyo objetivo fundamental era constituirse en “centro de unión de todos los hombres libres y de buenas costumbres”, por encima de las diferencias raciales, religiosas o ideológicas que siempre los han distanciado o enfrentado, algunos ciudadanos judíos comenzaron a interesarse vivamente por aquella oportunidad de integración social no discriminatoria y sin precedentes, postulada por un puñado de idealistas de formación esencialmente cristiana.

Aunque anterior a la existencia de la primera Gran Logia inglesa, el rabino Yejuda Yacob León (1603-1675) merece ser mencionado por haber aportado unos nuevos diseños del Templo de Salomón que merecieron gran atención en Amsterdam y en Londres. Hasta el punto de pasar a ser conocido como “León Templo”. Mucho más tarde, la Gran Logia de los “Antiguos” (creada en 1751) adoptaría uno de aquellos diseños incluyéndolo en su escudo heráldico, perdurando tal símbolo también en el escudo de la posterior Gran Logia Unida de Inglaterra (la de 1813).

Al parecer, el primer masón judío inglés conocido fue el sefardí Francisco Francia (“el Jacobita”). En 1725 figuran ya en la Gran Logia de Inglaterra: Israel Segalas y Nicolás Abrahams y en la segunda edición del Libro de las Constituciones, publicada por James Anderson en 1738, se menciona a Salomón Méndez, Benjamín da Costa, Isaac Barett y Moisés Méndez, todos ellos sefarditas. En la Gran Logia de los “Antiguos”, figuraron David Lyon o León, Moisés Isaac Levi (llamado Ximénez) y John Paiba. Sin olvidar a los dos sefarditas británicos masones juzgados por la Inquisición portuguesa por tener tal filiación y no por judaizantes: John Coustos e Hipólito da Costa Pereira-Hurtado de Mendoza. El primero lo fue en 1740 y el segundo (que luego fue Gran Maestre Provincial de Rutland), en 1810.

Otros Hurtado de Mendoza británicos, originarios de Livorno (el más importante centro sefardita italiano de aquella época), fueron los luego apellidados Disraeli (Isaac y Benjamín, padre e hijo convertidos al cristianismo, aunque no masones, alcanzaron conocida notoriedad literaria y política).

También sefarditas, llegados a Holanda durante los siglos XVI y XVII procedentes de España y de Livorno, pasaron luego a las colonias americanas, donde, al surgir la Francmasonería en el siglo XVIII, algunos fueron iniciados en las logias creadas en Georgia (como fue el caso del primer judío masón norteamericano conocido: Moisés Nunis o Núñez, en 1732). En Massachusets (con la familia de Abraham Campanal), en Rhode Island y en Carolina del Norte y del Sur, quedó registrada la presencia de diversos judíos sefarditas. El sefardita antillano Emmanuel de la Mota participó, junto a otros masones europeos y norteamericanos, en la creación del primer Supremo Consejo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, en 1801/1802.

La afiliación masónica de José Martí

La afiliación masónica de José Martí

La noticia acerca del hallazgo que confirmaba la afiliación masónica de José Martí no extrañó a muchos y a otros les sirvió para confirmar sus sospechas. Desde su propia muerte en combate son disímiles las hipótesis que se han gestado acerca de su pertenencia a los Masones, pero son pocas las pruebas reales que se tenía de ello hasta hace muy poco tiempo. Y dio la casualidad que fuera en la ciudad cubana de Cienfuegos donde un investigador local diera con la prueba más contundente que aseguraba que José Julián Martí Pérez en realidad sí era Masón.

Hallazgo confirma la afiliación masónica de José Martí

Documentos hallados en una logia de la ciudad de Cienfuegos, confirman la afiliación masónica de José Martí, quien tuvo esa influencia de sus más cercanos maestros como José María de Mendive y ya militaba en esa organización a los 18 años.

La incorporación del Héroe Nacional de Cuba a esa cofradía quedó confirmada gracias a los hallazgos realizados por el V.·. H.·. Samuel Sánchez Gálvez, maestro masón de la R.·. L.·. Fernandina de Jagua e investigador cienfueguero, que mostró el expediente de Amelio de Luis Vela de los Reyes, donde aparecen varios pliegos firmados por Martí en una logia en España.

El primero de estos, fechado el cuatro de julio de 1871, es un diploma de maestro Masón emitido a Vela de los Reyes, donde junto a otras firmas -hoy en proceso de investigación, resalta la tan conocida de José Martí.

Además, aparece una carta dirigida a esa persona donde se le anuncia su elección para la entidad, y está acompañada del seudónimo de Anahuac, usado por el patriota cubano para timbrar algunos de sus artículos, y que incluye la rúbrica, ese trazo final tan usado en otros tiempos.

Eduardo Torres Cuevas, Doctor en Ciencias Históricas corroboró categóricamente como conclusivo el hallazgo realizado por Samuel Sánchez Gálvez, su pupilo, y alertó sobre las nuevas interrogantes abiertas ahora sobre este tema y en las cuales deben centrarse futuras indagaciones.

Presentes en las actividades en Cienfuegos de la XVI Feria Internacional del Libro, Cuba 2007, Torres Cuevas y Sánchez Gálvez confirmaron con especialistas que pertenecen a Martí la firma y el seudónimo.

Incluso el vocablo indígena de Anaguac, con que más tarde se adjudica los artículos en México, era el nombre dado por los primeros habitantes al continente, mucho antes de ser llamado América.

El hallazgo aconteció en la Logia Fernandina de Jagua, cuando el profesor Gálvez, de la Universidad Carlos Rafael Rodríguez, realizaba una búsqueda para su tesis de doctorado, relacionada con la masonería en Cienfuegos.

Cuevas declaró a la prensa que ya se tenía información sobre la relación de Martí y la masonería, ya que sus propios textos lo infieren, además de los escritos de su amigo Fermín Valdés Domínguez, mas, siempre se reclamaron pruebas documentales para confirmarlo, sin que apareciera hasta ahora el mínimo pliego.

Abundó sobre la importancia de este descubrimiento, que aporta más luz sobre el pensamiento martiano y da elementos para comprender al hombre en toda su magnitud, y propuso continuar esa pista en países como EE.UU., México, Venezuela.

Refirió que gran parte de los patriotas cubanos iniciadores de las luchas independentistas eran masones, desde Carlos Manuel de Céspedes, incluso mencionó a los hermanos Federico y Adolfo Fernández Cavada, del propio Cienfuegos, quienes aportaron mucho a la causa revolucionaria.