Bienvenida al nuevo solsticio

Redacción El Francmasón
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El hemisferio norte vive el solsticio de verano; mientras que en la zona austral reciben al invierno

Hoy la zona septentrional del mundo experimentará la jornada con el mayor número de horas de luz del año al producirse el sorpaso de la primavera al verano. La estación estival durará 93 días y 15 horas hasta que comience el otoño el 22 de septiembre.

La palabra solsticio viene del latín el latín solstitium (sol sistere), que significa “Sol quieto”. Nuestra estrella alcanza en ese instante su punto más alto, más al norte, en el movimiento aparente que describe en el cielo a lo largo del año. Tras ese instante, el Sol “reinicia su recorrido” hacia el sur. Parece que se queda quieto para luego volver a subir en el cielo.

Con este ciclo, se produce la constante renovación de la vida. El solsticio de verano corresponde al momento del año en que el sol alcanza su mayor altura en el cielo y la luminosidad del día es mayor que la de la noche.

Los pueblos primitivos lograron identificar los ciclos cósmicos. Sabían de la importancia de mirar la profundidad del espacio, las constelaciones, los movimientos estelares y eso hacerlo parte de la cosmovisión, de la producción y desarrollo.

El solsticio de verano es un momento de meditación y observación, principalmente por el  significado simbólico que representa. El sol, por ser fuente de luz, energía  y vida, está presente en todas las culturas, desde las más primitivas hasta las más avanzadas; es por eso que hoy lo celebramos, porque su luz, seguramente, abrirá el camino para encontrar la armonía de nuestra relación con la naturaleza, la paz y la fraternidad.

En Europa, las antiguas tribus germánicas, eslavas y celtas celebraban el solsticio de verano con hogueras. Era la noche de festivales del fuego y de la magia, de oráculos para el amor y la adivinación. Tenía que ver con los amantes y las predicciones. Las parejas de amantes saltaban a través de las llamas ya que se creía que los cultivos crecerían tan alto como lo que las parejas fuesen capaces de saltar. A través del poder del fuego, al calor de la fogata las doncellas (supuestamente) se enteraban acerca de su futuro marido, con lo que espíritus y demonios serían expulsados de la relación venidera.

Otra de las funciones de las hogueras era generar magia, dando un impulso a la energía del sol para que se mantuviera potente en el resto de la temporada de crecimiento y así garantizar una cosecha abundante. En la antigua Suecia, un árbol en el solsticio de verano era llevado y decorado en cada ciudad. Era el árbol solsticial, generalmente un pino. Los aldeanos bailaban a su alrededor. Las mujeres y las niñas acostumbraban bañarse en el río local. Este era un ritual mágico, destinado a atraer la lluvia para los cultivos. Este es la base del rito actual del árbol de Pascua.

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