Ave Fénix y el templo interior, el constante renacer

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Ave Fénix y el templo interior, el constante renacer

Pie de Foto Imagen Destacada: Huecorrelieve del Áve Fénix en la catedral gótica de Metz (Francia).

La construcción de un templo requiere mucho aprendizaje, sin embargo, todavía más paciencia y dedicación. Dar forma a cada una de las piedras que irán encajando en las gruesas paredes y pilares del templo es una labor de ahínco y perfilación.

Estas construcciones son fuertes y resistentes, sobretodo conforme más avanza su construcción y sus piedras robustas se van asentándose cada vez más. No obstante, los factores ambientales van desgastando y resquebrajando los fuertes pilares y bien encajadas traviesas. Los terremotos, la lluvia, las guerras y el tiempo son los cuatro elementos que agrietan nuestro aprendizaje, motivación y el mantenimiento del interés.

La masonería no es un camino fácil e incluso a veces no está bien visto. Cuando se inicia solo se ve polvo y piedras. Aunque al final nos maravillamos con la construcción finalizada tras tiempo y devoción.

Aunque caiga una pared habrá otras tres que sostengan la edificación, aunque se venga abajo dos pilares, habrá otros seis que aguanten y aunque el techo se venga abajo se volverá a reconstruir con mayor vigor. Ya que la masonería no consiste en finalizar un trabajo, si no… simplemente en realizar trabajo.

No importa desde qué columna se reciba el salario, ya que todas están bajo el mismo techo. La hermandad consiste en eso, aunque se sostengan en diferentes piedras, todas son piedras y todas hacen templo.

Y recalco, la masonería no es un camino fácil ya que rompes dinámicas personales y sociales y solo rompiendo la piedra se puede iniciar a darle forma.

Aunque caiga el templo volveremos a levantarlo. Aunque intenten cerrar las puertas, le pondremos una llave y un cerrojo para abrirla. Aunque intenten retirarnos las escaleras, las subiremos. Ya que lo que es parte de la masonería es tomar consciencia de lo que no es masonería y entra en la conducta profana. Y lo que es profano no puede entrar en el templo.

Todo ello, me hace rememorar el constante renacer, la resiliencia en nuestras vidas y con ello un símbolo: el Fenix. Sin olvidar que el Fénix es un ave y como ave viaja en bandada y rompe el aire para que su hermano o hermana lo tenga más fácil. Este símbolo que representa la fuerza, de purificación y de renacimiento. Nacer y morir continuamente… Y si cada ciertos años las nuestras células de nuestro cuerpo son completamente diferentes, nuestra mente no iba ser una excepción. Estamos en constante cambio. Morimos y nacemos continuamente.

El psicoanalista Carl Jung, utilizó como un gran arquetipo el Fenix ya que su fuego se contenía tanto la creación como la destrucción, la vida y la muerte. Y cómo el ave Fénix que salió de sus cenizas, nosotros saldremos, una y otra vez, ya que Constante Alona es ceniza que hace llama, llama que genera ceniza. Aunque tiren agua, aunque tiren tierra y aunque el aire sople fuerte, renacerá. Puesto que el ave necesita de la tierra para despegar, del agua para vivir, el aire para tomar fuerza y el fuego para despegar sus alas, el masón tendrá los pies en la tierra para reflexionar sobre la realidad, observará la dirección del aire para analizar hacia donde nos dirigimos, tendrá a mano el agua que le sacie en los momentos de secano y el fuego que le motive a continuar trabajando.

H.·. Duman

L.·. Constante Alona 0138 al Or.·. de Alicante

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