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Argentina

Hay quienes prefieren vivir en un mundo misterioso. Para ellos, los masones son una logia oscura llena de rituales inconfesables y ambiciones tenebrosas. Hay otros que prefieren saber, o al menos intentarlo. Para ellos es que se abrió, en La Noche de los Museos, la casa de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, la sede central de la masonería en nuestro país. Situada allí desde 1872, es una especie de palacio lleno de salones, una biblioteca, un bar con cuadros increíbles en la pared, y muchos símbolos colgados.
¿Pero qué son verdaderamente los masones? ¿Qué sucede en esa casona en pleno congreso en la que se juntan semanalmente decenas de miembros de una logia?
En el principio era tan solo un gremio. Año 1100 en las cercanías del Lago de Como, al norte de Italia. Los canteros, albañiles especialistas en tratar la piedra, se dieron cuenta de que tenían un saber único y decidieron juntarse. La premisa era básica: no compartir su saber para así mejorar sus condiciones. Fueron los grandes constructores de los edificios imponentes de Europa: las iglesias, las abadías, los palacios. Muchos de ellos hechos por masones que hasta entonces eran, simplemente, el gremio de la construcción. La UOCRA de la Edad Media.
La Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, en Perón 1242
La Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, en Perón 1242
Pero el mundo fue cambiando y los masones se dieron de cuenta de que las posibilidades del hombre eran cada vez más amplias. Poco a poco fueron aceptando dentro de su logia a distintos miembros de la sociedad: intelectuales, científicos, médicos, poetas.
Diderot, Voltaire, Kant, son algunos de los nombres que formaron parte. Así llegó el segundo nacimiento de la masonería. Según Ángel Jorge Clavero, actual Gran Maestre de la Argentina, comienza entonces la “masonería especulativa”, que se ocupa ya no de guardar la flor más bella de los albañiles sino de ayudar al ser humano a tener ideas libres. Sapere aude, comienzan a decir, el lema de Kant y la ilustración: atrévete a pensar por tí mismo.
La masonería en sudamérica
En América Latina la masonería desembarcó con los españoles, pero la trayectoria es extensa. La lista de masones argentinos famosos es larga: San Martín, Sarmiento, Rivadavia, Belgrano, José Hernández, Bartolomé Mitre, Ernesto de la Cárcova. El mito cuenta que San Martín no llegó a ser masón de grado 33 y Simón Bolívar sí. Es un dato menor (o más bien, una especulación) que divierte a los amantes de la polémica.
El ojo masónico, uno de los símbolos: representa la primacía de la observación, el estado de alerta, la necesidad de mirar la realidad sin prejuicios.
El ojo masónico, uno de los símbolos: representa la primacía de la observación, el estado de alerta, la necesidad de mirar la realidad sin prejuicios.
Sarmiento, en cambio, sí sabemos que fue grado 33. Renunció de hecho a la presidencia de la masonería para ser presidente del país. Clavero también es grado 33 y, según él, hoy hay otros 30 o 40 argentinos más que tienen el grado máximo. “Los grados de la masonería simbólica en realidad son solo tres: aprendiz, compañero y maestro. Maestro es el grado a partir del cual se puede acceder a grados políticos, por ejemplo el mío. Pero al margen de eso, uno puede presentarse ante el Supremo Consejo del Grado 33 y allí ir subiendo de número de grado hasta llegar al 33”, explica Clavero.
El interior de la sede a central de la masonería en nuestro país, situada en ese palacio desde 1872.
El interior de la sede a central de la masonería en nuestro país, situada en ese palacio desde 1872 Aunque aboga por la igualdad, hacia dentro los masones tienen una estructura piramidal. Dentro de cada país la masonería se organiza en logias. En la Argentina hay 300. Todas ellas se juntan en distintos lugares (las hay a lo largo y a lo ancho de todo el país), y tienen como órgano central a la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones. Allí, cada tres años se elige por voto popular al Gran Maestre, la máxima autoridad de la institución. Hoy hay cerca de 12 mil masones, de los cuales 7 mil son afiliados activos. Cada uno de ellos paga una cuota. En comparación con Brasil, es un número pequeño de afiliados: allá hay más de 270 mil; y en Estados Unidos, por poner un ejemplo, más de un millón y medio.
Mitos y verdades de la masonería
Cada semana las distintas logias se reúnen. Las reuniones se llaman “tenidas”. En ellas discuten distintos temas y sacan conclusiones que a menudo plasman en revistas y publicaciones que reparten entre ellos y para afuera. Junto con la apertura de la casa, en La Noche de los Museos también se ofrecieron actividades culturales y se llevaron a cabo breves tenidas para que el público pueda conocer sus rituales. En la fauna de las especulaciones, se ha llegado a decir que hasta sacrifican cuerpos humanos, pero Clavero cuenta que de algún modo el de ellos es un templo de la conversación.
Ángel Jorge Clavero, actual Gran Maestre de la Argentina
Ángel Jorge Clavero, actual Gran Maestre de la Argentina
Los masones más jóvenes (jóvenes en su vida masónica, que no va necesariamente a la par de la edad), se sientan cerca de la puerta. Sobre ellos, el techo está pintado de un azul oscuro, con una luna dibujada que representa la noche. Conforme se avanza por el salón, el azul va clareando hasta llegar a un cielo celeste con un sol que brilla bien cerca de la silla del presidente de la logia, quien más cerca está de la claridad, del día, de alguna forma de la verdad.
El gran salón de la Logia
El gran salón de la Logia
Al centro del salón, tanto del Planta Baja donde se juntan las logias como en el primer piso, donde se reúne el Consejo, se encuentra el Ara de los Juramentos. En cada ceremonia ponen allí la Constitución Nacional como símbolo de respeto y para recordar que la masonería se atiene a las leyes de cada país.
-Gran Maestre Clavero, derribemos mitos alrededor de la masonería. ¿Están en contra de la religión?
-No estamos en contra de las religiones, para nada. Acá hay hombres de todas las religiones. Lo que pasa es que no hay que ser dogmático. El masón es un buscador de la verdad. Acá viene gente de todas las creencias; vienen empleados, grandes empresarios, librepensadores. La masonería es para todo el mundo, solamente hay que tener cierta cultura para entender lo que se habla aquí. Nuestra legislación dice que tenés que ser un hombre libre y de buenas costumbres para entrar a la masonería.

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